| SHEIKH IBRAHIM FAHREDDIN EFENDI (ra) |
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En 1912, fecha en que Fahreddin Efendi se convirtió en el sheykh del Dergah, el período Constitucional otomano estaba llegando a su fin. Los primeros años de la nueva República produjeron muchos cambios y destrucciones y Fahreddin Efendi tuvo que hacer frente a estas enormes dificultades para que el dergah continuara, especialmente cuando la ley que ordenaba el cierre de todos los dergahs se puso en práctica. Entonces luchó y tomó grandes riesgos para mantener las puertas del Dergah abiertas: "El
cielo es su cúpula; las estrellas sus linternas, Con este espíritu, Ibrahim Fahreddin Efendi luchó contra los fanáticos que deseaban destruir y acabar con la vida del Dergah. Sus Últimos Momentos (relatado por Safer Efendi) Aquél
último año, Fahreddin Efendi yacía en el cuarto del
Sheykh. A veces, tenía problemas al respirar y se sentaba en la
cama: "O, ya es tarde, el sol se está poniendo" - decía
- "necesito tomar mi ablución, necesito orar". A pesar
de que su ser de algún modo estaba inconsciente, es lo que estaba
diciendo. Entonces, la tarde llegó, y Valide Sultán me dijo: "¡Safer, hijo mío, no te vayas esta noche, quédate aquí!" Por supuesto no me fui. Nos quedamos en el Dergah. Era mitad de enero, del año 1966, y alguien trajo sandía que estaba fuera de estación; Fahreddin Efendi tomó un pedazo con un poco de queso blanco. Había dos mujeres allí muy cercanas a la familia. Fahreddin Efendi les advirtió: "¡Ustedes no gritarán ni se lamentarán! ¡Éste es el momento en que el ser humano es dividido en dos! Y también, no me dejen solo. Satanás puede robar la fe de un hombre de un solo trago de agua!" Esa noche en un momento se movió. Corrí hacia él pensando que iba a decir algo. Y, Ah, Ah, vi que se estaba yendo. Previamente me había dicho: "Cuando veas que el fin se acerca, comienza inmediatamente a recitar las letanías (Evrad-i serife), yo comprenderé". Comenzó a respirar espasmódicamente y comencé a recitar las letanías inmediatamente (Evrad-i el serife): Diez E'uzu, nueve veces el besmele, cien istigfar, pero no pude terminar. En cierto momento noté que había muchos hombres alrededor. Antes había sólo dos mujeres. Así que colocamos la cama en el medio del cuarto e hicimos un círculo a su alrededor, y comenzamos a repetir el tevhid, "La ilaha illallah, la ilaha illallah, men kale ahir kelamahu la ilaha illallah dakhala'l-cennet!" y así Fahreddin Efendi partió. Fahreddin Efendi era un Seyyid, un descendiente del Profeta (saws) por parte de madre y padre. "Cuando me muera, coloquen tierra de Kerbela sobre mis ojos", había dicho. Cuando partió, sus ojos estaban abiertos, y sin embargo por mucho que lo intenté, no pude cerrar sus párpados. Al día siguiente lo lavamos y lo envolvimos en su mortaja. Puse la tierra de Kerbela sobre sus ojos. Lo colocamos dentro del ataúd, lo llevamos a la mezquita de Fatih, oramos y lo trajimos de regreso. Luego lo tomé en mi regazo y lo puse en su tumba. Estaba muy caliente, generalmente el muerto está frío, pero el cuerpo de Fahreddin Efendi estaba caluroso y flexible. Cuando lo puse en la tierra, Fahreddin Efendi volteó su cuerpo para enfrentar la Qibla. Quise
ver su bendito rostro una vez más. Tome una punta de su mortaja
para remover la tierra de Kerbela y así mirarlo a sus ojos por
última vez, pero por mas que intenté, no pude moverlo ni
tomar la tierra. De sus ojos brotaba sangre bajo la tierra de Kerbela.
El ataúd era todo sangre. Todavía hoy se pueden ver las
manchas, el ataúd todavía está allí, en la
türbe. |